"Como tenía que mejorar la postura, mi mamá me mandó a clases de baile de salón. Es un poco de todo, desde bailar vals hasta ritmos más latinoamericanos. Me formé desde muy chica en el mismo lugar, de a poco empezaron las competencias y ya para el final había perdido el placer de hacerlo porque se había vuelto algo demasiado competitivo para mí. Ahí decidí dejar. Todavía voy cada tanto a bailar, es una de las cosas que más disfruto, sin la necesidad de estar todo el día entrenando para competir"

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